"Ser pobre es la mejor manera de saber si te quieren", dice el flaco, mientras revuelve en los bolsillos en busca de monedas para pagar el café. El mozo no pierde el tiempo. Se va a atender a una rubia impresionante que espera en el rincón más alejado.
El flaco no tiene un mango, es cierto, pero a veces, a contramano del mundo, se da el lujo de exagerar su pobreza.
"Los tipos que la tienen atada nunca van a saber si los quieren por su plata o por lo que son" agrega el flaco mientras cuenta las monedas, desparramándolas sobre la mesa.
"Sin plata, todo es más difícil, pero estás más cerca del amor verdadero", dice.
Y remata:
"No es que para que te quieran tenés que ser rico, pero algo de plata hay que tener"
El mozo no contesta. Recuenta las monedas que el flaco acaba de darle, y antes de irse le deja un papelito doblado cuidadosamente.
El Flaco alisa el papelito, lo lee, sonríe y explica: "Es de la chica del rincón. Me estaba mirando desde hace un rato"
El flaco no tiene un mango, es cierto, pero a veces, a contramano del mundo, se da el lujo de exagerar su pobreza.
"Los tipos que la tienen atada nunca van a saber si los quieren por su plata o por lo que son" agrega el flaco mientras cuenta las monedas, desparramándolas sobre la mesa.
"Sin plata, todo es más difícil, pero estás más cerca del amor verdadero", dice.
Y remata:
"No es que para que te quieran tenés que ser rico, pero algo de plata hay que tener"
El mozo no contesta. Recuenta las monedas que el flaco acaba de darle, y antes de irse le deja un papelito doblado cuidadosamente.
El Flaco alisa el papelito, lo lee, sonríe y explica: "Es de la chica del rincón. Me estaba mirando desde hace un rato"
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